El ajoblanco es uno de los platos andaluces más refrescantes, con permiso del gazpacho y el salmorejo. De hecho, entra dentro de la consideración de ‘sopas frías’, tan típicas del sur español. Por eso, le dedicamos un post para que sepas cómo es y dónde se puede comer este plato sencillo pero lleno de sabor, que te sabrá a gloria cuando el calor arrecie.
De dónde viene y qué lleva el ajoblanco
Resulta difícil trazar el origen del ajoblanco y hay quien lo remonta a la época romana, como tantos otros platos de la gastronomía andaluza. Se piensa que surgió y evolucionó en paralelo al gazpacho y salmorejo, que ya se elaboraban en tiempos de Al-Andalus pero que no empleaban aún el tomate (que llegó de América a partir de 1492).
Incluso su etimología causa cierto debate: aunque es fácil asociarlo con el ajo (un ingrediente que está presente en la receta), podría también aludir al verbo ‘ajar’, en su acepción de ‘desgastar’, por el acto de batir sus ingredientes hasta conseguir una mezcla suave.
En cualquier caso, además de los dientes de ajo (a los que se puede retirar su corazón, si se desea), se introducen en la batidora otros dos ingredientes que se pueden considerar fundamentales son las almendras molidas y las migas de pan duro. También se introduce, en diferentes momentos de la elaboración, aceite de oliva, vinagre de limón, agua y sal. Como toque final se suelen poner uvas o trocitos de melón.
De esta manera, el tono claro de sus ingredientes principales (almendras, ajo, miga de pan) le dan su característico color. Cabe decir que una variante es la de emplear habas secas molidas, algo que era más habitual en el pasado, en los periodos de escasez de almendras. Y para un verdadero gusto refrescante, se debe dejar reposar un tiempo en la nevera antes de tomarse.
Dónde comer ajoblanco
En verano, y en general en época cálida, hay muchos sitios donde comer el ajoblanco, repartidos por toda Andalucía, así como en otras comunidades cercanas, como Extremadura y el sur de Castilla-La Mancha. Pero no cabe duda de que algunas provincias y algunos municipios tienen en este plato una de sus señas de identidad.
Sin duda, Málaga es una de esas ciudades, lo que se podría considerar el equivalente del salmorejo para Córdoba. Es aquí donde esta crema se toma en plato, rematada con uvas o trozos de melón o manzana a modo de topping, decorado además con un chorro de aceite de oliva.
En cambio, en la vega de Granada se suele elaborar con una consistencia más líquida, hasta el punto de que a menudo se sirve en vaso para beber, ideal para acompañar platos como la patata asada. Todo lo contrario que el ajoblanco almeriense: en esta ciudad y en su provincia, el resultado es una crema más espesa que no se corona con fruta, sino que se sirve para untar en pan tostado o para acompañar el pescaíto frito.
Y si lo que quieres es degustar el ajoblanco en un ambiente plenamente popular, nada mejor que acudir a una fiesta tradicional que se celebra con este plato como protagonista: la Fiesta del Ajoblanco, en Almáchar, en la provincia de Málaga. En esta localidad de tanta tradición agrícola, cada primer sábado de septiembre se organiza una feria donde no sólo se puede degustar ajoblanco, coronado con uvas moscatel del entorno, sino también aprender a cocinarlo, visitar exposiciones de arte temático y disfrutar de folclore malagueño, como el tradicional baile de verdiales. Se lleva celebrando desde 1968 y se considera una de las ferias gastronómicas más antiguas de toda la comunidad.