La ruta del legado británico en Huelva es una propuesta turística que te llevará por algunos de los rincones más interesantes de la ciudad, orgullosa de su estrecho vínculo con Gran Bretaña a finales del siglo XIX. En este otro post de nuestro blog tratamos los más famosos (Muelle del Riotinto, Casa Colón, Barrio de Reina Victoria, Estadio Colombino). Pero a continuación te contamos otros que se quedaron en el tintero y que también se pueden ver en un recorrido más a fondo, a incluir en tu paquete de viaje con un guía experto para tratar cada detalle.
Muelle de Tharsis
Fue el otro gran muelle para la carga de minerales y mercancías que tuvo la ría de Huelva, pero a diferencia del de Riotinto, este por desgracia ha sido minusvalorado, quedando en el olvido y el abandono en las últimas décadas. De hecho, en 1992 cesó la actividad aquí y cuatro años después sufrió un pavoroso incendio. A pesar de los daños causados, sigue en pie, en la punta donde se encuentran la ría del Odiel y la de Aljaraque, y sus dimensiones y forma siguen manteniendo un encanto especial.
No es accesible a pie, pero un paseo en barco por la ría de Huelva permitirá contemplarlo de cerca y entender su innovador diseño, que llegó a tener una bifurcación en forma de “y griega”. Se inauguró en 1871 y llegó a tener casi 900 metros de longitud, con capacidad para el atraque de cuatro buques simultáneamente. El elemento más característico de lo que ha quedado es quizás su oficina-caseta.
Estación de Sevilla
El estilo neomudéjar de la estación de Sevilla, en principio, no nos haría pensar que tiene una relación con la ruta del legado británico en Huelva. Pero lo tiene, y es que fue la primera línea de ferrocarril construida por inversores privados (Real Orden de 1858), en este caso la alemana Sundheim y Doetsch con proyecto del ingeniero francés Carlos Lamiable… pero todo ello impulsado por el boom industrial que las compañías británicas habían comenzado al explotar las minas onubenses. El proyecto del edificio de la estación se encargó a los españoles Jaime Font y Escolá y Pedro Soto, siendo uno de los mejores ejemplos de esta arquitectura historicista que tan de moda se puso en aquel entonces en estas construcciones que revolucionaron el transporte local.
Comandante Martin y Cementerio Británico
Aunque el Cementerio Británico no tiene un carácter tan monumental como otros, en él se guardan muchas historias personales de ciudadanos del Reino Unido que trabajaron aquí o que tuvieron un vínculo especial con la ciudad. Y ese es el caso del Comandante Martin, que cuenta con su correspondiente tumba y lápida… aunque en realidad no se llamaba así ni murió así. Pero fue un héroe, a su manera, de la Segunda Guerra Mundial.
Con ese nombre se conoce al vagabundo galés llamado Glyndwr Michael, que había muerto por ingerir veneno en 1943, pero cuyo reciente cadáver se empleó para ejecutar una operación de engaño de los Aliados a las potencias del Eje: siguiendo la ‘Operación Mincemeat’, este supuesto militar habría de morir en la ría de Huelva tras un accidente aéreo, con documentos de importante valor (falsos, también), interceptados por espías nazis (muy presentes en la entonces España franquista, no beligerante pero favorable al Eje), que hicieron creer a éstos que los Aliados se disponían a desembarcar en Grecia, cuando en realidad lo querían hacer en Sicilia.
Tan real fue toda la estratagema que se le dio sepultura oficial en el cementerio con el nombre de William Martin. En 1996 fue aclarado todo, descubriendo la identidad real de aquel cadáver, que hoy es una compleja pero sorprendente historia del legado británico en Huelva.